La casa de la playa
Había vivido tantos años tierra adentro que la nostalgia del mar se había convertido en uno de esos males de fácil diagnóstico. Cuando decidió comprase aquella casa en la playa, era la típica chica de ciudad, de sandalias y pantalones vaqueros.
Qué bien dormía con el ruido de las olas como si fueran una blanda almohada. Ven, parecían decirle aquellas voces de sal. Y las noches de marea alta, se revolvía inquieta en la cama. Ven, ven, ven, danzaban sus piernas.
Y después se despertaba siempre con aquel ruido de escamas y de viejos anzuelos.