No, tú no alcanzaste a conocerlo directamente. Todavía eras muy choco cuando murió don Régulo Alcántara: por Sietesitios aseguraban que había él muerto beatífico: con el gesto estupefacto de quienes ya nada comprenden.
Sí, muchacho: morirá don Régulo con todas las apariencias y bastantes síntomas reales de un santo mártir pletórico de amargura resignada. Es lo que consta en las actas parroquiales de la época, todo ello escrito con letra gótica algo picuda por arriba.
No, no pudiste conocerlo en persona. Pero probablemente sí habrás oído conversaciones sobre él, rumorear a destajo: porque don Régulo fue hombre de provocar leyendas y admiraciones desmedidas por doquier, además de las naturales envidias tan nativas nuestras.
Estoy seguro de que sobrarían lo que te hablasen de él y de aquellas sus tan afamadas escandaleras de ricachón soberbio y muy enternecido por los humildes: cuando aún se mantenía enérgico y se comportaba cariñoso con los pobres sin templanza en los vicios mundanos.
Quien sí lo trató efectivo, y con esporádica frecuencia, sería el viejo tuyo en paz descanse: lo tratará sobre todo por la época ya lejana en que tu padre se dedicaba al tráfico de principalmente cochinos para embarcar. Tenía tu padre que llegarse hasta Sietesitios casi cada mes: allá adentro los acompañaríamos bastantes veces mis dos hermanos mayores que yo. Lo acompañábamos como ayudantes en el acarreo de los animales.