El muchacho que acabo COU se aproxima incauto al calvario. Como ocurre en estos casos, todavía mantiene el estupor indócil, la esperanza engañada, todavía su sudor quema.
Todavía con el canto del puño dos veces, con los nudillos tres, golpea enrabietado la pared, sin atender al dolor que esto le ocasiona.
La chiquita que desde el año pasado trabaja en Galerías lo mira sin comprenderle del todo, y susurra audible: “Te comprendo, te comprendo. Son unos hijos de puta esos cerdos”. No sabe ni se atreve a añadir que ella es una más de las que dejaron los estudios por culpa de gentuza como ésa. Lo ve demasiado excitado.
Por eso se alegra cuando de improviso la invita, “vamos a correr un poco”.
(“… Todo lo que ha supuesto una postura digna, plena de humanidad, se mantiene, permanece.
Intentarán adulterarla, corromperla, castrarla, manipularla, incluso aniquilarla, sí. Sin embargo permanece.
No sabría explicar el porqué. No he encontrado la respuesta. Sin embargo permanece, se sostiene por encima de los tiempos. Y esto conforta.
Esto te mantiene alerta, en vilo. Te acoraza frente a los continuos ataques idiotizantes que de todas partes nos asaetean…”)
El muchacho que acabó COU ha leído demasiado para tan poca edad. Desde la convalecencia de aquella hepatitis de los quince años no ha dejado de leer un solo día, estudios aparte.