Desde hace bastante tiempo, a poco de quedarse viuda completa del antesviudo Antonio Manuel, se acuesta al revés: se acostará ella con los pies hacia la cabecera y con la cabeza en los pies de la camaturca, sin almohada. Lo hacía él, cuando se quedaba en casa, sobre una colcha de crin duro colocada en el suelo.
No se descalza ella desde hace aproximadamente una semana, desde ya no viene la joven Armenia de la Cruz a ayudarla; ni se ha cambiado de ropa. Tampoco lleva bragas, pero aún sabe orinar y defecar: con muchas dificultades, en el balde chato colocado en la silla; pero sabe, “ya lo titará Armenita al estercolero de Eulalito Lucifer”.
A veces se lava ella las pantorrillas y los brazos con orines calentitos que perfuma con agua florida comprada hace bastante tiempo, aprovechando que hubiera bajado a cobrar el subsidio de vejez: ni se acordaba fidedigna cuánto hace de ello. De todo de me enteraré e imaginaré luego, indagando día tras día y después de la inesperada desgracia: sobre todo deduciendo y suponiendo yo sus últimos momentos.