Ernesto Rodríguez Abad

De GARAJADO

SOLILOQUIO FRENTE A LAS OLAS.

¿CALLAR O GRITAR? (Fragmento)

«La mer, la mer, toujours recommencée!»
(¡El mar, el mar, siempre recomenzando!)
Paul Valéry

¿Qué hago aquí? ¿Qué coño hago aquí? Solas las olas y yo. Eternamente yendo y viniendo. No se cansan rompiéndose en la costa. Antes las veía y no pensaba en nada. No me preguntaba cómo eran las cosas, qué había más allá de lo que vemos o tocamos. Antes vivía sin buscar respuestas. Miraba y no buscaba que hay detrás de cada cosa.

¡Cuántos pensamientos vienen a la mente de un hombre solo!

No veo nada, solo escucho. Da lo mismo estar dentro o fuera. Todo es igual cuando llega la noche. De qué me hablarán las incansables olas. Insisten en su ir y venir. Parecen murmullos, enfados, palabras animosas, requiebros, insultos, atropellos. Porque… ¿Seguro que me hablan a mí? ¿No será un chismorreo entre ellas?

¡Qué bobadas habla un hombre solo! Mejor estaré callado.

¿De qué van a hablar las olas? De nada, de nada… O del pescado que vieron mar afuera. Mejor, ¡cállate!

Pero yo quiero hablar, quiero decir cosas normales, tontas, quiero soltar una broma a un amigo. Decir buenos días, hola, adiós… Sonreírle a una chica cuando pasa por la acera… Esas cosas que hacen todas las personas cada día. Los que son. Yo no soy. No soy persona. Soy un animal encerrado, enjaulado. ¡Tanta lucha para qué ha servido!

Lo único que me queda es hablar solo. O con los garajados cuando se lanzan como flechas a pescar. Nunca me había fijado en lo rápidos que son.

Antes hacía discursos, por ellos estoy aquí. Eran fuertes mis alegatos. Era crítico. Quería cambiar la sociedad. Ellos, los inmovilistas,  son los culpables.

Solidaridad, solidaridad, solidaridad. Parece que repiten las olas y las pardelas. Para que recuerde mi voz cuando yo gritaba lo mismo.

¡Me cago en…!

¿Cómo olvidar? No estoy loco. Es solo la intranquilidad que tengo. Estoy solo. Solo con el silencio y con las olas que repiten mis pensamientos. Solidaridad. Solidaridad. Solidaridad.

¿Se ríen de mí?

En esta cueva quedará sepultada mi historia. Solo ellas me hablan y me acompañan. Nadie sabrá quién fui, qué hice, por qué hui de la sociedad. Los otros, los triunfadores, no me dieron oportunidad. La cárcel o la huida. No había otro camino. ¿No es también una cárcel esta elección?

¿Habrán soltado los pájaros?

Estoy en una celda sin barrotes. Pero tengo que callarme, no puedo desesperar. Llevo pocos días de fuga. La primera noche en soledad fue terrible. Sentía pasos y ruidos por todas partes. Tengo que dejar de pensar. No es bueno pensar tanto. No quiero recordar, no quiero sentir, no quiero añorar nada, pero las palabras vienen a mi cabeza. Me gustaría que mi mente se pusiera oscura, como el cielo y mar. Nada dentro de mí.

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