Juan Jiménez

Por Daniel Barreto y Fernando Herrera

La escritura de Juan Jiménez alienta una de las voces más significativas de la poesía canaria de la segunda mitad del siglo XX. Si bien perteneció al grupo Poesía Canaria Última y cultivó una amplia militancia política antifascista, el poeta nacido en Carrizal de Ingenio supo urdir una obra harto singular, tan ligada a sus orígenes campesinos cuanto a una interpelación teológico-política del tiempo y de la historia. En efecto, el sentido último de su escritura reviste un hondo cuestionamiento del lenguaje y la moral dominantes: dicha perspectiva alterna una profunda experiencia del amor, a la vez íntimo y social, con un deber de memoria “capaz de derribar el mundo”.

Juan Jiménez Santana nació el 13 de mayo de 1940 en Carrizal del Sur, Gran Canaria, en el seno de una familia humilde, y falleció el 11 de enero de 2019 en la ciudad de Las Palmas. En su juventud se nutrió de los escasos materiales de que dispuso: una Biblia hebrea, algunos periódicos y revistas que llegaban a la zona, y –sobre todo– la sabiduría que respiró conviviendo con sus coetáneos. Su infancia y primera juventud serán un fermento constante en su obra poética. La realidad sureña de aquellos tiempos era prácticamente análoga al presente de lo que entonces de denominaba “Tercer Mundo”.

En 1955 el poeta se traslada a Las Palmas de Gran Canaria e ingresa en la Escuela de Comercio, pero abandona sus estudios de Peritaje. La experiencia en la capital supondrá el encuentro con personalidades y espacios de participación que lo alentarán a desarrollar un intenso activismo cultural y político, además de despertar en su interior una inquebrantable vocación poética.

Durante el verano de 1957 incursiona por primera vez en la escritura. Pero es en 1960 cuando descubre, por intermediación de la librera Margara Bosch, una publicación que será clave: «San Borondón. Pliegos graciosos de poesía», ideados por el poeta Manuel González Sosa. A fines de ese año participa de un homenaje a Saulo Torón. Más tarde forma el grupo literario «Atlántico» con Manuel González Barrera, Paco Lezcano, Sergio Ruano y Domingo Velázquez. «Trasmallo al fondo» reunirá a dichos poetas en una antología, según se anunciaba en una entrevista colectiva publicada en el Diario de Las Palmas (6 de abril de 1961).

Ya instalado en la capital grancanaria, Juan Jiménez se vincula, a partir de la sociedad Neo-Tea, con destacados artistas insulares. En agosto de 1961, antes de partir a Melilla al servicio militar, organiza en el Carrizal dos semanas de cultura en el marco de las Fiestas Patronales. Participan, entre otros, los pintores Rafaely, Felo Monzón, Lola Massieu, Jane Millares y los escritores Agustín Millares, José María Millares, Domingo Velázquez y Manuel González Sosa. En 1961 inicia, con la escritura simultánea de cinco libros, un fecundo período creativo que culminará en 1980 con la publicación de Itinerario en contra.

Al volver de Melilla, el poeta asume un ideario de extrema izquierda. Se suma a Latitud 28, frente cultural del Partido Comunista, de los hermanos Tony y José Luis Gallardo y su gran amigo Manuel González Barrera. Luego, organiza con el grupo las dos primeras «Caravanas de la cultura» en Carrizal e Ingenio, en diciembre del 63 y enero del 64, respectivamente.

En ese último año dos poemas suyos aparecen en una antología del Colegio Mayor San Agustín, titulada Poetas de las Islas, mientras que en 1966 publica su primer libro, La canción necesaria con María C, y es incluido en la antología Poesía canaria última, por Lázaro Santana y Eugenio Padorno. En 1967, su libro Y no es por el peso del sol por lo que cae obtiene el premio Ansite, organizado por el Cabildo Insular de Gran Canaria, que será divulgado al año siguiente.

Entre 1968 y 1969 participa de dos homenajes clandestinos: a César Vallejo, en la Biblioteca Pública de Las Palmas, y a Pedro García Cabrera, en la ULL. En 1968 ingresa en el Partido Comunista, pero la cerrazón y el dogmatismo de la organización lo llevan a proponer, a finales de 1969, la creación del Partido Comunista Canario por la Independencia de las Islas: se reunían en su propuesta el anhelo de conjugar un modelo de comunidad alternativo a los nacionalismos europeos y el ideal marxista de una sociedad sin clases.

En 1970 viaja a Chile y Argentina, y en septiembre de ese año rompe de manera definitiva con el Partido. Su lectura ética de Marx, cercana a Gramsci, desagrada a la ortodoxia. Pasa entonces –como señalara el propio Jiménez– «a la clandestinidad de la clandestinidad». Padece un fuerte aislamiento, solo interrumpido por algunas intervenciones literarias: en la Semana Canaria de Málaga, organizada en 1975 por el escritor Rafael Franquelo, y en el recordado y polémico Primer Congreso de Poesía Canaria de abril de 1976 de La Laguna, ciudad en la que estudia la licenciatura de Geografía e Historia.

En 1980 ve la luz Itinerario en contra: el libro cierra –como señala el propio Jiménez– «el ciclo sentimental más amplio» de su vida hasta ese momento. En la década del 80 se ahonda un periodo de silencio que se extenderá hasta sus últimos años (sobre ello es de especial interés la entrevista concedida a Javier Durán, donde el poeta afirma: «Yo soy el último que se ha ido de la fiesta»: La Provincia, 26 de octubre de 1995). El poeta se niega a «pactar la historia», lo cual lo convirtió en una personalidad incómoda para las diversas camadas poéticas de las Islas. A mediados de los 90 comienza a estudiar hebreo y griego bíblicos, y profundiza sus meditaciones en torno a la historia, la filosofía y la actualidad geopolítica. En 1995 publica Epigramas, uno de los libros más fascinantes de la poesía del fin de siglo en lengua castellana.

Por esos años, una nutrida biblioteca e inéditos contactos con poetas, editores y académicos de la filosofía y las lenguas y culturas semíticas, convirtieron a Juan Jiménez en el vector de una verdadera sociedad secreta dedicada a proyectar el pensamiento del futuro. El filósofo Reyes Mate incluye uno de sus poemas como apertura de un libro clave de la filosofía reciente en español, Tratado de la injusticia (Anthropos, 2011). En 2016, tres años antes de su fallecimiento, Juan Jiménez recibe el Can de Plata de las Artes por parte del Cabildo de Gran Canaria. Sus últimas obras, Planeta personal y Quinto cuadrante, permanecen inéditas.

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