VENCIDAS MIS REBELDÍAS
VENCIDAS mis rebeldías
heme toda mansedumbre.
De tanta renunciación
llevo el corazón sin lumbre.
¡Ay, la espera
de las horas no llegadas!
¡Ay, los días,
y su yunque, y la verdad
que truncó mi fantasía!
Llorando voy por mis sueños,
que solo sueños tenía…
El volcado silencio
EN MEDIO DEL CAMINO
A Anita y Tomás
POR MÁS que ande, el mundo, son unas pocas gentes;
aquella que ya cuenta entre los años idos.
Aunque deambulamos con la inmensa corriente
ellas son: constituyen los eternos amigos.
Sí que los días nos traen diversas cosas, ecos
que al principio nos ganan, pero es solo apariencia.
¡Ay, juventud que en todo creías plenamente,
y el sueño más remoto cabía en ti, conciencia!
¿De dónde harás ahora brotar el manantío,
el que fluía siempre junto con la mañana,
y en cada amanecer crecía como un río
en la alegría aquella que todo lo inundaba?
Árbol exhausto, hoy sin ramas y sin luna,
signadas ves tus horas de un prolongado duelo.
Hermosos años jóvenes de fantasía infinita,
¿por qué no serán todos como vosotros: ciegos?
Años que son un éxtasis que a la memoria cabe.
Cual un niño perdido, memoria, a ti me entrego.
Como brazos de madre, ¡cuántos seres cobijas!
No todo se ha perdido, prodigable sosiego.
No todo se ha perdido, que voy contigo ahora
y oigo las mismas voces de los tiempos felices;
de las sombras se alza la casa en que he soñado,
que por ti todo vuelve −atalaya del hombre−,
todo vuelve a endulzarme las nuevas cicatrices.
Las estancias vacías
AMOR COLEGIAL
LA TARDE me hizo soñar
con mis amores primeros;
la tarde me hizo soñar
con los lazos de mi pelo,
los dedos llenos de tinta
y las horas del recreo.
Soñé con el colegial:
yo salía del colegio,
y soñé con su mirada
tímida dulce y sin fuego;
me acordé que era su hablar
como el piar del jilguero.
Recordé que fui su novia
aunque no dijo te quiero;
que yo tampoco le hablé
ni de amores ni de celos;
que un día lo vi marchar
diciendo que iba a su pueblo
y no lo pude ver más.
La tarde era toda blanca
como era blanco mi sueño.
La tarde me hizo soñar
que no era el tiempo ligero.
El volcado silencio
CLARIDAD IMPOSIBLE
A Fernando González
¡Isla de gracia, de frescura y de dicha,
Edad de oro de los niños; siempre te
halle yo en mi vida, mar de duelo!
Juan Ramón Jiménez
¿DÓNDE, dónde encontrarte, carnación de mi infancia?
Claridad imposible, que por ti voy sombría.
Claridad de otro tiempo. Luz de brillo joyante.
En ti todo era gracia. Todo me sonreía.
Bella, dulce inocencia, cada vez más distante.
Toda la dicha eras, sin saberlo crecía.
Está todo lo hermoso de la vida en la infancia.
Nada hay comparable a su clara alegría.
Hasta la adolescencia navegó su constancia.
Sus blancos calcetines. La gracia de sus lazos.
Sus pequeños zapatos a mis pies se ceñían.
Sin que cuenta me diera aceleraba el paso.
¿Dónde, dónde estarás, extraña y silenciosa?
Extraña cual si nunca jamás me conocieras.
Hundida por los años, muda como una estatua.
¿En qué fondo tú yaces, germen de primavera?
Te escucho. No, no suenas en esta voz de ahora.
La tuya, cantarina, fue tornándose grave.
No es posible, no vuelves ni aun llamándote a gritos.
El tiempo es férrea puerta sin resquicios ni llave.
¿Dónde, dónde encontrarte, si hasta el recuerdo huye?
Hay un duro oleaje para lo delicado.
Hoy acaso te he visto: fue en una alegre niña…
En una alegre niña tú pasaste a mi lado.
Las estancias vacías
LA EDAD MADURA
LA edad madura
traerá lo mejor.
Mas yo, si prefiero,
es la del error;
cuando no se sabe
casi qué es pensar,
y el impulso es todo:
¡correr y cantar!
¡Qué pena, recuerdos
de aquellos tesoros:
la cuerda, la comba,
y el corro sonoro!
Cuando arrebolada
de tanto correr,
¡el mundo era mío…,
solo con mis pies!
Y no más sabía
que leer muy mal
y alguna labor…
¡Correr y cantar!
El volcado silencio
TU RETRATO
¿QUÉ DOLOR te abruma el alma,
que en esa aparente calma
diciendo estás de un pesar?
Y ese mirar, ¡no es tan sereno!
si el que te mira,
sabe ver que está tu llanto
escondido en el quebranto
que produce tu mirar…
¿Qué te hirió que se adivina
que llevas dolida el alma?
Oh, esas suavidades tuyas,
que a mí ruinas me parecen,
de algo que va en ti en reveses,
y, a fuerza de tempestad,
se te volvieron mudeces
y ya… enmudecida estás.
¿Qué te hirió tan hondamente?
¡Si pudiera hacerte hablar!
Mas, por tu porte presumo,
que tú eres como la rosa
que azotara el vendaval…
Tú morirás silenciosa…;
me lo está diciendo el llanto
contenido en tus pupilas;
ese llanto contenido
tal que un río de cristal,
que he adivinado
a través de tu porte sereno,
de esa mirada que duele…
al que te sepa mirar.
¡A pesar de tan serena,
duele tu serenidad!
El volcado silencio
EL MOTIVO DISTANTE
Y ESTE tejer de ensueño
de un motivo distante;
y esta ansia insaciada
de un alma toda miel;
y esta monotonía
de las horas del día,
de las noches,
y del amanecer;
y esta esencia que traje
y se evapora sola;
y este pensar constante
en una vida bella,
donde todo brillara
con fulgencias de estrella,
y fuera todo blanco,
de celestial pureza…
¡Mi alma,
el manantial sabe
de la tristeza!
El volcado silencio
¿DE QUÉ PAÍS YO VINE…?
¿DE QUÉ país vine,
que no me han comprendido?
¿Habré idealizado, hasta errar,
el camino?
Yo llevaba, llena de claridad,
la frente;
y en el pecho,
una estrella refulgente;
nadie, nadie la vio;
que todos me decían
que en mis modos había
algo que en este mundo
no servía.
Claridad, estrella mía, fulgores,
¡dolida voy
de vuestros resplandores!
El volcado silencio
TODO CERCANDO FUE
AUNQUE siento que crezco en el silencio
y más horizonte añado al pensamiento mío,
cómo duele un corazón vacío;
cómo duele este obstinado frío
que un tiempo amargo trajo
y helado fue su empeño y mi albedrío.
Y todo pudiendo ser: tal que la ola,
así de natural, sin extravíos
ni torcidos senderos ignorados
donde pudiera perderse el ángel mío.
Mas todo cercando fue inconmovible.
Todo cercando fue de una gran pena.
Todo cercando fue tal sí imposible.
Y ya solo el silencio en tantos días
en que mis lágrimas corrían hasta mi boca
y sola y sin más este desierto: mi pena
más recóndita.
Y seguirá el silencio: no así el llanto, solo
él capaz fue de tal ternura,
pues nadie como él me dijo tanto.
(Oh, tú mi corazón solo y vacío de aquella luz,
donde pusiste tanto).
Mi otra palabra