Chona Madera

Por Yara García Cordero

Chona Madera Pérez, la poeta que quiso vencer el paso del tiempo con cada uno de sus versos, es una de las escritoras que ha contribuido de manera significativa al panorama cultural isleño. Su escritura se caracteriza por transmitir con gran fuerza y emotividad sus creencias más profundas y sus sentimientos más íntimos pero, sobre todo, por aportar una cosmovisión particular, un modo único de entender la poesía, lo que la sitúa en un lugar preferente en el conjunto de las letras canarias.

Ascensión Madera Pérez, conocida como Chona Madera, nació en Las Palmas de Gran Canaria el 13 de abril de 1894. Esta fecha resuelve uno de sus grandes enigmas, puesto que en su bibliografía se encuentran con frecuencia referencias contradictorias sobre su nacimiento (1893, 1901 y 1910). Ello se debe a que se conocen muy pocos datos biográficos de la autora, a excepción de algunas cartas y testimonios de amigos, además de lo que puede deducirse de la realidad que se desliza en su obra literaria.  

A pesar de tanto desconocimiento, se tiene constancia de algunos hechos certeros, como que Chona Madera fue bautizada el 19 de abril de 1894 en la parroquia de Santo Domingo de su ciudad natal, con el nombre de María de la Ascensión del Rosario Hermenegilda Madera Pérez, hija de Domingo Madera Artiles y de María de la Ascensión Pérez de León. Su infancia transcurre felizmente en el barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria, en el domicilio familiar de la calle San Marcos. A lo largo de su trayectoria vital, dos son los espacios que marcaron su existencia: la isla que la vio nacer y la ciudad de Málaga. A este último lugar se trasladó tras la muerte de una de sus hermanas y allí pasó distintas etapas de su vida (la última, desde 1970 hasta 1979). Al fallecer otra de sus hermanas, regresa a Gran Canaria, donde muere al año siguiente, el 10 de octubre de 1980.

Las inquietudes intelectuales y culturales estuvieron siempre presentes en la vida y la personalidad de esta autora quien, antes de darse a conocer como escritora, tuvo una presencia activa en actos relacionados con el mundo de la cultura y los acontecimientos sociales, sobre todo de canto y recitado, mostrando así un gran interés por todo lo artístico. Si se atiende a la parte más personal, cabe destacar su gran apego a la familia y a los amigos, lo que se hace evidente en las numerosas dedicatorias de sus poemas y en sus respectivos temas. Asimismo, son abundantes las manifestaciones de su carácter afable, cariñoso, sensible y compasivo (algunas de ellas han quedado inmortalizadas en los periódicos de la época).

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