Félix Delgado

Por Guillermo Perdomo Hernández

Félix Delgado, periodista y poeta, fue una de las voces más singulares de la vanguardia canaria. Firmante del Manifiesto de La rosa de los vientos y autor de dos poemarios, Paisaje y otras visiones (1923) e Índice de las horas felices (1927), publicó en el periódico grancanario El País (1927-1933) una serie de breves crónicas con el título «El isleño y sus caídas», de expresión canaria, que se encuentran a caballo entre las de Alonso Quesada y los cuentos de Pancho Guerra. En 1930 se traslada a Barcelona, donde formará parte del equipo de fundadores de Azor, revista literaria en la que colabora durante su primera época (1932-1934).

Félix Delgado Suárez nace en Las Palmas de Gran Canaria el 7 de septiembre de 1902. La fecha de su nacimiento ha resultado inexacta en muchas referencias bibliográficas. En la partida de nacimiento aparece el día 8 y en la de bautismo el 7. Ante la imprecisión, optamos por la que confirma el propio autor. En la partida de nacimiento se hacen constar los padres: Pedro Delgado Rodríguez y Rita Suárez León. Los abuelos paternos: Félix Delgado (de Guía) y Pino Rodríguez (de Valsequillo); y maternos José Suárez Mujica (de Gáldar) y Rita León Alemán (de Las Palmas). 

Transcribimos a continuación la nota autobiográfica que Delgado le escribe a Fernando González [Carta a Fernando González de 11 de noviembre de 1922]:

Mi biografía es como sigue: Nací en el barrio de San Nicolás, el día 7 de septiembre (víspera de El Pino) a las 7 y 20 de la tarde del año 1902. Me bautizaron en la parroquia de San Francisco [el 11 del mismo mes] ante el altar de la Virgen de la Soledad, poniéndome por nombre Félix Antonio [No consta en la partida de bautismo este nombre sino el de Félix María de los Dolores].

Poco se sabe de su juventud salvo algunas notas dejadas por sus amigos. Víctor Doreste nos lo presenta como un joven lector con interés especial por la poesía: «A Félix lo que le emocionaba era la poesía y es que en él había ya un poeta en agraz». Víctor Doreste es un gran amigo de su infancia como lo deja reflejado el propio Delgado: «Templé mi espíritu en los primeros años de mi juventud, y con quien cambiaba a diario impresiones de la vida y fuimos eternos viajeros de una vida de sueños que hoy comienzan a ser una realidad». Y Fernando González hace una estampa poética: «Dios salve a las mujeres, de este mancebo, que es gentleman, poeta, fauno y efebo», que coincide con la imagen que él mismo le proyecta al propio González: «Soy soltero y sin compromiso a pesar de… “Dios salve a las mujeres” he sido un don Juan».

Realiza estudios en el Seminario Conciliar y probablemente los encaminara hacia los de Perito Mercantil; sin embargo, el propio escritor nos concreta: «No tengo títulos académicos, y mi actual oficio es del oficinista y periodista…». En 1920 encontramos su firma por primera vez como colaborador en los periódicos Renovación y El Espectador. Las colaboraciones en estos dos periódicos son escasas, pero se debe fundamentalmente a los pocos ejemplares conservados en la hemeroteca de El Museo Canario. La primera colaboración que hemos encontrado es el texto titulado «El niño poeta» en Renovación, 24 de marzo de 1920. Su primer poema publicado sería «Insomnio» en El Espectador, 16 de junio de 1920. Desde este mismo año hasta 1922 como redactor de La Jornada: de este periódico hemos podido exhumar un total de 18 poemas que van desde el 12 de octubre de 1920 hasta el 16 de septiembre de 1922. A partir del 17 de abril de 1922 aparecen algunos poemas que posteriormente serán recogidos en Paisaje y otras visiones.

En 1921, siendo redactor de La Provincia, conoce al poeta jienense José Jurado Morales, quien llega a Gran Canaria a cumplir el servicio militar y permanece en la isla entre 1921 y 1923, donde publicará su primer libro de poemas Las canciones humildes (1923). La amistad con Delgado se reactivará durante la estancia de éste en Barcelona en donde ambos, en unión de Luys Santa Marina, serán los fundadores de la revista Azor. Testimonio valioso (aunque hoy tengamos que poner algunas cuestiones en duda) será la entrevista que recoge José Quintana y que lleva por título «José Jurado Morales, casi testigo de los últimos días del poeta canario Félix Delgado». (El Eco de Canarias, 19 de octubre de 1975)

De forma temprana y constante se repiten los intentos de Delgado por salir de la isla. Tanto es así que le escribe una desesperada carta a Tomás Morales para solicitarle que interceda ante Villaespesa (de paso por la isla) para que pueda irse con su compañía teatral a América. Desde 1922 su idea de marcharse de las islas y establecerse en Barcelona se convierte en una constante vital: «Antes de irme a Barcelona, pediré la mano de mi novia». A finales de 1922 ya tiene terminado su primer libro de poemas, titulado Paisaje y otras visiones, con prólogo de Claudio de la Torre. Reproducimos aquí las palabras del propio autor sobre su obra aún inédita:

Y voy a hablarle un poco de él, ¿estamos? Verás. La primera parte del libro («Paisajes») es toda hecha por el mismo «molde» que lo que ya conoces por las cuatro cosas que te envié- Bien es verdad, que en «Paisajes» he puesto más objetividad que calor, emoción. Es la nota característica de la primera parte, aunque algunos paisajes tienen emoción de campo y mar. Ya lo verás. La segunda parte («Cantos breves») ya es otra cosa completamente distinta; esta parte no tiene más que emoción; calor de amor de juventud; optimismo a veces, y otras, pesimismo.

Antes de la publicación de su primer libro parece que ya está terminado otro, según informa a Fernando González:

Además de este libro (¡asómbrate!) tengo otro que a buen seguro terminaré en Barcelona [nuevamente Barcelona] el cual titulo: El libro del amor ingenuo. En este libro, que tiene un tono infantil, no hago más que poner la emoción de algunos momentos de mi amor pasado con Isabelita, pero de manera discreta, y lleno de un silencioso dolor por lo perdido. De este libro, he publicado aquí dos cosas: «Ausencia», y «Hermana y novia» […]

Es en esta época cuando encontramos su firma en aquellas revistas peninsulares que supusieron una avanzadilla vanguardista: La Pluma (Madrid) y España (Madrid), Alfar (La Coruña) y en el Suplemento Literario de La Verdad (Murcia).

El 19 de abril de 1924 fallece su padre y se produce un largo silencio literario ─en los que posiblemente se dedicara a otra serie de trabajos mejor remunerados que pudieran permitir cierto desahogo familiar. 

En el curso 1926-1927 los redactores de El País se implican en las charlas formativas de la Escuela Luján Pérez: Pedro Perdomo Acedo, Juan Rodríguez Doreste (secretario de la Escuela), Cristóbal González Cabrera, Rafael Navarro Jiménez y Félix Delgado, quien habló en cuatro ocasiones. Sus temas fueron: «El lirismo en la poesía de Juan Ramón Jiménez»; «La poesía de la América hispana»; «Rubén Darío, Gabriela Mistral y Juana de Ibarborou» ; «Los modernos poetas españoles». (Según nos refiere Juan Rodríguez Doreste en su artículo La Escuela de Artes Decorativas de Luján Pérez). 

En 1927 entra a formar parte de la redacción de El País, periódico recién fundado por Pedro Perdomo Acedo, nacido para ocupar el hueco dejado por Ecos de Alonso Quesada, donde confluyeron varias generaciones. Entre los jóvenes encontramos a Juan Rodríguez Doreste (alcalde socialista), Cristóbal González Cabrera (quien firmaba con el seudónimo de Carlos Alas y quien ocupo los cargos de alcalde interino y consejero del Cabildo) o Agustín Miranda Junco (Director General de Trabajo franquista), y muchos de aquellos escritores que Sebastián de la Nuez aglutinó bajo el nombre de la «Generación de intelectuales canarios». Ese mismo año en la Biblioteca de las Islas de El País, aparecerá el que se convertirá en su último libro, Índice de las horas felices

En 1929 da por concluida su estancia insular y tras un viaje por América (Raid Literario) se afinca definitivamente en Barcelona, donde fundará junto al falangista Luys Santa Marina y el socialista José Jurado Morales, la revista Azor, que, aunque dirigida por el primero de ellos, en la primera época que participa Delgado ([1930] 1932-1934) el contenido político no es determinante, sino plural. Años antes de la aparición del primer número (15 de octubre de 1932), Félix trabaja en la constitución de la revista. Colaboraciones suyas en esta época las encontramos en la revista Atlántico, la propia Azor, El País, Hoy y Cruz y Raya, de Madrid, entre otras. Comienza también por estas fechas una intensa actividad encaminada al rescate de la vida y de la obra de Alonso Quesada y en estas fechas también (1931) contrae matrimonio con Rosario Sánchez Blánquez.

Algunos de los artículos, al igual que los cuentos, aparecen firmados bajo seudónimos. Entre los múltiples utilizados, creemos poder atribuirle algunos de ellos: Félix Antonio, FLIX (con la síncopa vocálica -e- de F(É)LIX), que frecuenta las páginas de El País haciendo críticas variadas, algunas ellas de cine. Flix también aparece en una serie de cuentos publicados en el periódico grancanario bajo el encabezado de: «Un cuento (y canario) por ser sábado». Otro de los seudónimos sería el de Felipe Centeno, como claro homenaje al poeta Alonso Quesada, ya que se trata de uno de los tantos empleados por él, se localiza por primera vez en El País y lo continúa usando en Barcelona, según nos indica F. Martín, en su artículo «El cine de vanguardia».

En los primeros meses de la guerra civil –probablemente entre octubre-noviembre de 1936– muere en “extrañas circunstancias”, eufemismo que se ha venido usando para designar la realidad de su asesinato, posiblemente por los anarco-sindicalistas bajo las supuestas acusaciones de falangista, de espionaje para los italianos… La realidad es que fue detenido y desaparecido sin que se haya podido conocer el proceso turbio de su fallecimiento. En ese trágico momento estaba concluyendo su epistolario entre Gabriel Miró y Alonso Quesada, a la vez que preparaba la edición de la obra completa de Quesada, documentación que desapareció junto con él.

 

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