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Pedro Perdomo Acedo

Textos escogidos de Pedro Perdomo Acedo

De La muerte i maginada , 1943

I

Con el cansado pie sobre el estribo
mi vida, sin cesar desengañada,
sale a doblar, en forma imaginada,
el último recodo sensitivo.

En mi experiencia, sólo en mí viajada,
ni un nimio rastro que borrar percibo
pues sólo salva el pensamiento en vivo
y mata toda eternidad fechada.

Mi itinerario, eternidad sin fecha,
la decisiva guarde siempre en blanco
hasta alcanzarte a ti, no mancillada

hora que escondes para mí la flecha
que el segundo fatal fije en el flanco,
cerrando la agonía así iniciada;

si su serena forma barruntada
con la real de la muerte coincidiera,
muriéndome en segundos
no muriera.

 

De Epitalamio sin fin , 1945

V

Pues que en mi carne a tu ternura siento
anegando a raudales sus riberas,
ya surcas, con entrañas marineras,
las altas mares de mi pensamiento.

Me has dado elevación en un momento
en que al faltarme perspectivas puras
ofreciste, a mi nueva singladura,
la túnica dulcísima del viento.

Tu tierna lumbre celestial trasciende
y al desvelarme el primitivo arcano
hallo otra luz que la que el sol enciende.

Tus llantos añadieron océanos
cuyo anchuroso ser nadie comprende;
seguridad, las anclas de tus manos.

 

De Ave breve , 1948

BALADA DEL ENAMORADO

Me enamoré de la nube;
sí, me enamoré del aire
‒contramarea de lo breve,
variación de lo invariable‒;

verdad que me enamoré
‒capullo, incienso, sol, cauce‒
de la torre rematada
como del ramo portátil;

del perfume de su flor
y las formas de su cáliz;
de sus ojos, de sus labios;
de lo tangible e impalpable:

de su eterna melodía,
de sus fugaces instantes;
de las briznas de las hierbas;
de lo chico, de lo grande;

de cuanto se crea, sube,
y flor frágil, trino frágil,
‒trozo eterno de su nada‒
hinche el covanillo del aire.

 

De Caballo de bronce , 1953

NOCTURNO INVERNAL CON LUNA

Qué tarde te descubrí,
colina toda de brumas,
cerrada la
noche, cuando
videntes cuestas auscultan
sus cremalleras de luz
y en un rajón de penumbra
cañamones de sonido
va resembrando la lluvia,
mate mortero de mármol
sumergido en agua turbia,
que al recuerdo y la olvidanza
trabaste en presente lucha;

en otra noche más mía
‒porque era toda pregunta
de claridad no gastada‒
vi tu naranja madura
contra el espejo, en la alcoba,
como un insomnio que fuma,
sin que lo mueva al amor
nada que acabe en la tumba.

 

De Oda a Lanzarote , 1966

SEMEJANTES AL METRO

Transportan los camellos sus espartos errantes
y al asentar sus montes
en los llanos de líquenes donde se gasta el pueblo
imitando a los cráteres alinean sus jibas
y aflojado el resorte, semejantes al metro,
pasivamente pliegan sus articulaciones
cansadas de medir tanto desierto;
necesitan quedarse,
henchir la piel del agua con la carne del agua
ciega de solajero;
cargar las diferentes nubes de sus espacios,
sentir la recompensa del aljibe en los belfos
y enlazados quemar las impacientes venas
para tener mañana
y proseguir en ruta, a fuer de antiguas naves,
calzando con sus hormas las lindes del océano;
¡y el sol del mediodía sigue en alto
como una piedra grande disparada a lo lejos!

 

De Volver es resucitar , 1967

GLORIA TERRESTRE

Para aclarar el sueño de mi ascensión,
a lo inmutable voy de vuelta,
a ti, que me llevaste desterrado
al seno nebular de la tormenta
donde he sido
repentina luciérnaga secreta.

A su noche de barro
desde la alfombra mágica de tu monte de estrellas
con espaldas vencidas retorna al cauce de lo humano
el hijo que expatriaste de la mujer primera
y hoy se arroja a lo vivo unificante:
un nombre, un número, una seña
que la gloria terrestre ha de guardar dormida
para la mano del que recupera;
¿o es la tierra la patria para siempre
y abre el hogar negado por las nubes y estelas
en islas como nidos, ajustadas
con la movilidad que reprime a las piedras?

 

De Luz de agua , 1971

SALTEN CONMIGO A TIERRA LOS PIES
QUE SÓLO PISAN

A Luis y Antonio Suárez Morales
Salten conmigo a tierra los pies que sólo pisan
la carga mercantil transportada a secuestro;
gozosamente miren
bazares trasplantados del oriental extremo,
el rodete y la falda de los indios del bombo
sin repullo facial, y libres del impuesto
marfiles, joyas, sedas, porcelanas, perfumes
y los quimonos mágicos de los fetiches de ébano;
y la danza y la copa, la dueña y la pupila,
la carne y el puñal, la lámpara y el sueño
para elegir la bestia del carnaval pagano
en la sentina humana que esconde todo puerto;
el bien con mal mezclado
que viaja en el errante rumor del universo.

 

De Recitados lanzaroteños , 1997

ABOMASO

…un valiente que grita excitado del vino.
Salmo LXXVIII , v.65

Al sentir la llegada del fin de mi reinado
la combustión se ordena de destierro en destierro
y cual potra de raza cubierta por bastardo
o el agua que dejó secar el pozo fresco
todo mi ser recorre, oh agallada memoria,
los corrosivos tránsitos de su viviente infierno.

Con hambre de aire libre, ‒ayer fuera de sombra‒
en vilo me levanto, mas pronto desfallezco,
me falla la armadura total del edificio,
y como el abomaso conmociona al camello,
mas lo impulsa a la vida,
al embeber las sombras del impulso frenético
que sólo obrando encuentra su natural origen
de aparición y desvanecimiento,
bramé más que un valiente excitado del vino
y en el centro geométrico del péndulo
con brusquedad aflora un remolino amargo,
un vómito de génesis que escarlatina el rostro,
y angulando el aliento
con tiro de verano eché por boca nueva
urente mar que irrumpe estrenando universo.
y al gallo incandescente,
se le ha hinchado la pluma desceñida en el vuelo.

 

De Esqueleto del agua , 2008

FALSO SILENCIO

¡Extraña fuerza del volcán!
Todavía
Lo natural del fuego vela sus propias armas,
perpetuamente en crisis, y a la nocturna espera
los cráteres mantienen las luces apagadas
y en descanso irritante a su intramar de fuego
mientras las nubes pasan,
mientras las uvas negras detrás del parapeto
ven al repercutiente alisio que resbala
y moviliza el ceño
del sollamado mar de arenas ditirámbicas.

Paréntesis de paz
en el hogar humilde donde todo se aplaza
temiendo que el quinqué con dientes silenciosos
promueva los propicios canales a las llamas;
mas es terrible el sueño larvado de los montes
pues jamás conocieron la lluvia que enaguacha
e intempestivos sueñan con que, al licuar su sangre
la luz amapolada,
han de morder en rápidos accidentes las piedras
transfundiendo la muerte de torturante plasma;

y al asurarlo todo el herbario del fuego
con la carminativa floración de las brasas
saldrá de noche al campo con un sólo objetivo:
recuperar con ira la libertad aplazada.

 

PICÓN

Fantásticas escorias terrestres.
Quevedo

Pisar picón es ir pisando
las esponjosas lágrimas del fuego.
Ni un hilo de agua tiene el ser del monte
ajena al cielo
y este campo es memoria de la brasa
con la ceniza a cuestas,
oh quieta y permanente granizada;
ni la errante cisterna del camello
por el silencio de tus noches pasa,
ni en los días de oro
se mueve a otro confín con su montaña.

Buscándote la piel de paz del universo
sentí pasar la noche como una brisa negra,
como una hostia negra la luna de mis muertos.

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