NIÑOS DEL PUERTO (De Cenizas, 1970)
A Pedro García Cabrera
Niños del puerto barridos y por amor
en las mismas calles de siempre:
Albareda, La Puntilla, Tenerife,
toda una selva para andar.
Niños del puerto,
Eugenio, bien trenzado
al sol de la mañana.
Juanuco, pecho al aire
cabeza de trigo maduro,
sabe Dios por qué colores
andarás ahora.
Hermano Carlos,
siempre el viento de la patria;
y ¿tú? amigo Luis, soñando
nuestra fiel comunidad.
Niños del puerto;
ahora que la olla caliente
en la confianza del hogar
nos empuja a seguir,
más tarde, quién nos dará albergue,
qué puerto eterno nos dará cobijo.
Niños, hombres del puerto,
cuando creemos amar
se nos pone un fusil entre las manos,
y besamos unos labios de hierro,
y las palabras:
calibre
al ton pirulero
amor
todas las prendas del mundo
son desterradas de la patria
en que nacieron.
¿Dónde la trenza al sol de la mañana,
Eugenio, Luis, dónde nuestra fiel comunidad.?
Niños, hombres del puerto
en el redondo corazón del día,
digo que quiero amor
sobre la piel ardiente de unos labios.
VI ( de Balkan-727, 1976)
Balkan B-727.
Esta vida, que será?
Mala pregunta ronda tu cabeza.
Mejor:
¿Quién viene empujando
los fuertes goznes de tu cuerpo?
De uno al otro lado del mar
buena guerra de cobija,
desde el amanecer del mundo.
Por el aire quieto del cielo
espera hasta mañana.
FLASH DEL AMOR (de Flash+Utopía, 1985)
…me ha deslumbrado el resplandor brusco de la piel
(cuando la espada
de un desnudo de diosa, imperial bajo el templo de
(fronda y fragor,
obsesiona a la claridad del mediodía, y tan solo
(una brasa
es la carne y montar y serena…
Pere Gimferrer
No me ilumine hoy luz ninguna
por este postigo de la gracia,
pues hoy escribo con viento
guadañero a mis espaldas,
quisiera decirte las cosas
más propicias del amor.
Hoy es sábado y mañana
iremos a lavarnos al mar,
no de cuerpo, sino de lo vivido,
viendo brotar la espuma de la dicha,
mientras las vivas aguas nos abrazan.
Son las ocho y ya la noche
me cae como niebla en el pecho,
sabiendo que el tiempo más humano
es el que vivimos sobre un beso.
«Buenas noches», a las ocho;
no nos será nunca este tiempo lejano.
V (Utopía – Vesalio)
Vuelan confundidas las gaviotas
y el mar se balancea a tus quejidos.
Vives inmerso en un calendario
y solo sabes de estaciones por las aves.
Hay que volver; te dices:
«Yo que nunca fui manchado
por el vapor del oro
y tuve que aborrecer mi oficio,
tengo que regresar como estúpida
paloma blanca a las garras del halcón».
Sin embargo, a lo lejos, por amor,
una mujer andrajosa peina sus greñas,
la sientes palpitar cerca de ti,
no importa.
Nadie soporta peregrinaje sino se escoge.
CUANDO LA CASA ESTÁ VACÍA (De Moverá el aire la noche, 2002)
A José A. Arbelo y Lali Gil
De aquellos años infantiles solo recuerdo
un padre seco, bonachón, nunca utilitario.
Mi madre, buena mujer donde las haya,
Mi madre era enormemente burguesa y enferma
como suele suceder a los de su clase.
Tenía un dejarse ir con los mayores: mi padre,
y una idolatría enfermiza por los hijos.
Vivía con Clark Gable y sus orejas,
pero a nadie descuidaba en la cocina.
Mi madre, buena mujer,
fabricaba besos en el horno
y nos sentíamos calentitos
al calor de lo que no daba.
Y sus gritos a través de las mareas
con un pañuelo húmedo en la frente,
un traje gris tras los calderos anchos,
aunque fuiste una ola,
un mar maravilloso de acogida.
Hoy son los sentimientos
mayores que la esquela,
como las flores marchitas
son siempre vivas en mi entendimiento.
No sé cómo encontrarles el regreso
A veces veo a madre y sus protestas:
«¡y con lo mío qué voy a hacer ahora!»
Dando mano a las galletas, que nunca hizo.
A papá silencioso, masticando el café
mientras el tiempo entrega su sabor
a manteca y dulce de guayaba.
Ahora le he dado asiento en el sillón amantelado
que siempre tuviste listo para las visitas,
y la casa exprime calor de horno y pan bueno.
Y, sin embargo, qué frío.
DÁRSENA CON DESPERTADORES (de Moverá el aire la noche, 2002)
Tal vez no sea más que un territorio peinado por la lava.
Tal vez anochezco con whisky on the rocks
en un metálico taburete del sur,
entre amistades con frío que asechan los labios de la noche.
Tal vez esta isla perdida, hallada
en gargantas de cantinas, se mece
en medio de sus ruinas como miradas de malhechores.
Alguien pliega las olas esta noche.
En la distancia de esta Dársena con despertadores
alguien sostiene en alcohol la rubia de verano
y el húmedo horizonte de mis brazos
continúa por la espiral más peligrosa.
Tal vez en el andén solitario,
mujer o botijo gestionamos un acuerdo
para este trocito de hazaña que nos toca cumplir.
BARANDA EN LAS CANTERAS (de Puede el mar, 2006)
Nadie se desposa en este día
vida y muerte susurran ante el fiel.
Ni una ni otra oscilan en la balanza
pero la llama que llevas tiende a apagarse
como las brumas que amarañan mi ciudad.
La vida tiene el valor de un beso
en la oscuridad insomne. Ciego de cantina,
tambaleante, extraviado en la curva,
el mar y la cordillera se abrazan.
Quieres plegar las orillas infinitas,
dar más aliento a lo que se apaga,
corregir el destino aquel
para el que nunca fuiste educado.
Manan las fuentes, se levanta el corazón.
Constricción en la baranda, justo al borde que cae
y ya no puedes, no puedes,
mientras golpean las olas encuadernadas por su plata
y las huellas del fuego aquel que creíste ser
hoy vienen a tus inviernos.
ADUANA (de Puede el mar, 2006)
Cada barrio tenía otro barrio, al menos es lo que a nosotros nos parecía la distancia, el horizonte, marcado como si fuese una frontera. Todos éramos piratas del mar. Los raptos de las muchachas estaban permitidos, ellas podían traspasar las fronteras y nosotros piratas de las miradas, observadores del amor y el erotismo calentábamos nuestros cuerpos en la arena.
Duele saber del otro lado.
De aquellas llamas quedan estas cenizas.
Aunque, aún las calles se me entregan cuando soy capaz de mirarlas, igual que aquella distancia aquel horizonte.
¿Cuál es el tiempo exacto en que esto transcurre?
¿Cuál es el lugar que ocupa cada cosa, cada calle, arena, palmera, roca, mar, cuando no son las mismas o no están?
BAJAMAR (de Del arenal del tiempo, 2010)
Te sumerges.
Las algas te besan por el pecho
y tus ojos están repletos del rojo pétreo
de este litoral sin tiempo.
¿Cómo es posible tanto colorido
donde la luz se difumina y es escasa?
Bate con firmeza el mar a los caliches
y es una alfombra sobre la piedra
del caletón.
Te sigues enredando por el muzo amarillo,
deja sus huecos y sus sargazos, y eres
libre ante el terciopelo verde de los paredones.
Observas las cintas del mar, y tú mismo,
amante de la luz, te dejas ir
en su vaivén hasta la orilla, pues imantada está tu sangre
a la naturaleza, sin malicia al salvajismo delicioso
y puro de tu estado primitivo entre confites.
EL FARO (de Del arenal del tiempo, 2010)
Celosa luz,
incansable fanal de caminos,
mientras el oleaje lame las riberas
de su onda.
Eres la respiración de aquellos
que naufragaron.
Eres el ojo donde el ayer y el hoy
rompen la transparencia de la noche.
Vigilante atalaya de silencio
enfoscada por el oleaje
bajo este cielo sin alambres.
Aquí, sentado junto a ti,
quisiera entrar en la luz de tu luz
con estos años míos, abocados
a la víspera de la sombra.