Alberto Pizarro Morín

Selección de textos

NIÑOS DEL PUERTO (De Cenizas, 1970)

                                                       A Pedro García Cabrera

 

Niños del puerto barridos y por amor

en las mismas calles de siempre:

Albareda, La Puntilla, Tenerife,

toda una selva para andar.

 

Niños del puerto,

Eugenio, bien trenzado

al sol de la mañana.

Juanuco, pecho al aire

cabeza de trigo maduro,

sabe Dios por qué colores

andarás ahora.

Hermano Carlos,

siempre el viento de la patria;

y ¿tú? amigo Luis, soñando

nuestra fiel comunidad.

 

Niños del puerto;

ahora que la olla caliente

en la confianza del hogar

nos empuja a seguir,

más tarde, quién nos dará albergue,

qué puerto eterno nos dará cobijo.

Niños, hombres del puerto,

cuando creemos amar

se nos pone un fusil entre las manos,

y besamos unos labios de hierro,

y las palabras:

calibre

al ton pirulero

amor

todas las prendas del mundo

son desterradas de la patria

en que nacieron.

 

¿Dónde la trenza al sol de la mañana,

Eugenio, Luis, dónde nuestra fiel comunidad.?

 

Niños, hombres del puerto

en el redondo corazón del día,

digo que quiero amor

sobre la piel ardiente de unos labios.

 

 

VI ( de Balkan-727, 1976)

 

Balkan B-727.

Esta vida, que será?

 

Mala pregunta ronda tu cabeza.

Mejor:

¿Quién viene empujando

los fuertes goznes de tu cuerpo?

 

De uno al otro lado del mar

buena guerra de cobija,

desde el amanecer del mundo.

 

Por el aire quieto del cielo

espera hasta mañana.

 

 

FLASH DEL AMOR (de Flash+Utopía, 1985)

 

…me ha deslumbrado el resplandor brusco de la piel

                     (cuando la espada

 de un desnudo de diosa, imperial bajo el templo de

                     (fronda y fragor,

obsesiona a la claridad del mediodía, y tan solo

                   (una brasa

es la carne y montar y serena…

                                                                      Pere Gimferrer

 

No me ilumine hoy luz ninguna

por este postigo de la gracia,

pues hoy escribo con viento

guadañero a mis espaldas,

quisiera decirte las cosas

más propicias del amor.

 

Hoy es sábado y mañana

iremos a lavarnos al mar,

no de cuerpo, sino de lo vivido,

viendo brotar la espuma de la dicha,

mientras las vivas aguas nos abrazan.

 

Son las ocho y ya la noche

me cae como niebla en el pecho,

sabiendo que el tiempo más humano

es el que vivimos sobre un beso.

«Buenas noches», a las ocho;

no nos será nunca este tiempo lejano.

 

 

V (Utopía – Vesalio)

 

Vuelan confundidas las gaviotas

y el mar se balancea a tus quejidos.

Vives inmerso en un calendario

y solo sabes de estaciones por las aves.

Hay que volver; te dices:

«Yo que nunca fui manchado

por el vapor del oro

y tuve que aborrecer mi oficio,

tengo que regresar como estúpida

paloma blanca a las garras del halcón».

 

Sin embargo, a lo lejos, por amor,

una mujer andrajosa peina sus greñas,

la sientes palpitar cerca de ti,

no importa.

 

Nadie soporta peregrinaje sino se escoge.

 

 

CUANDO LA CASA ESTÁ VACÍA (De Moverá el aire la noche, 2002)

                                                                                                       A José A. Arbelo y Lali Gil

 

De aquellos años infantiles solo recuerdo

un padre seco, bonachón, nunca utilitario.

 

Mi madre,  buena mujer donde las haya,

Mi madre era enormemente burguesa y enferma

como suele suceder a los de su clase.

Tenía un dejarse ir con los mayores: mi padre,

y una idolatría enfermiza por los hijos.

Vivía con Clark Gable y sus orejas,

pero a nadie descuidaba en la cocina.

 

Mi madre, buena mujer,

fabricaba besos en el horno

y nos sentíamos calentitos

al calor de lo que no daba.

 

Y sus gritos a través de las mareas

con un pañuelo húmedo en la frente,

un traje gris tras los calderos anchos,

aunque fuiste una ola,

un mar maravilloso de acogida.

 

Hoy son los sentimientos

mayores que la esquela,

como las flores marchitas

son siempre vivas en mi entendimiento.

 

No sé cómo encontrarles el regreso

A veces veo a madre y sus protestas:

 

«¡y con lo mío qué voy a hacer ahora!»

Dando mano a las galletas, que nunca hizo.

A papá silencioso, masticando el café

mientras el tiempo entrega su sabor

a manteca y dulce de guayaba.

 

Ahora le he dado asiento en el sillón amantelado

que siempre tuviste listo para las visitas,

y la casa exprime calor de horno y pan bueno.

 

Y, sin embargo, qué frío.

 

 

DÁRSENA CON DESPERTADORES (de Moverá el aire la noche, 2002)

 

Tal vez no sea más que un territorio peinado por la lava.

Tal vez anochezco con whisky on the rocks

en un metálico taburete del sur,

entre amistades con frío que asechan los labios de la noche.

 

Tal vez esta isla perdida, hallada

en gargantas de cantinas, se mece

en medio de sus ruinas como miradas de malhechores.

 

Alguien pliega las olas esta noche.

En la distancia de esta Dársena con despertadores

alguien sostiene en alcohol la rubia de verano

y el húmedo horizonte de mis brazos

continúa por la espiral más peligrosa.

 

Tal vez en el andén solitario,

mujer o botijo gestionamos un acuerdo

para este trocito de hazaña que nos toca cumplir.

 

 

BARANDA EN LAS CANTERAS (de Puede el mar, 2006)

 

Nadie se desposa en este día

vida y muerte susurran ante el fiel.

Ni una ni otra oscilan en la balanza

pero la llama que llevas tiende a apagarse

como las brumas que amarañan mi ciudad.

 

La vida tiene el valor de un beso

en la oscuridad insomne. Ciego de cantina,

tambaleante, extraviado en la curva,

el mar y la cordillera se abrazan.

 

Quieres plegar las orillas infinitas,

dar más aliento a lo que se apaga,

corregir el destino aquel

para el que nunca fuiste educado.

 

Manan las fuentes, se levanta el corazón.

Constricción en la baranda, justo al borde que cae

y ya no puedes, no puedes,

mientras golpean las olas encuadernadas por su plata

y las huellas del fuego aquel que creíste ser

hoy vienen a tus inviernos.

 

 

ADUANA (de Puede el mar, 2006)

 

Cada barrio tenía otro barrio, al menos es lo que a nosotros nos parecía la distancia, el horizonte, marcado como si fuese una frontera. Todos éramos piratas del mar. Los raptos de las muchachas estaban permitidos, ellas podían traspasar las fronteras y nosotros piratas de las miradas, observadores del amor y el erotismo calentábamos nuestros cuerpos en la arena.

 

Duele saber del otro lado.

De aquellas llamas quedan estas cenizas.

 

Aunque, aún las calles se me entregan cuando soy capaz de mirarlas,  igual que aquella distancia aquel horizonte.

¿Cuál es el tiempo exacto en que esto transcurre?

¿Cuál es el lugar que ocupa cada cosa, cada calle, arena, palmera, roca, mar, cuando no son las mismas o no están?

 

 

BAJAMAR (de Del arenal del tiempo, 2010)

 

Te sumerges.

 

Las algas te besan por el pecho

y tus ojos están repletos del rojo pétreo

de este litoral sin tiempo.

 

¿Cómo es posible tanto colorido

donde la luz se difumina y es escasa?

 

Bate con firmeza el mar a los caliches

y es una alfombra sobre la piedra

del caletón.

 

Te sigues enredando por el muzo amarillo,

deja sus huecos y sus sargazos, y eres

libre ante el terciopelo verde de los paredones.

 

Observas las cintas del mar, y tú mismo,

amante de la luz, te dejas ir

en su vaivén hasta la orilla, pues imantada está tu sangre

a la naturaleza, sin malicia al salvajismo delicioso

y puro de tu estado primitivo entre confites.

 

 

EL FARO (de Del arenal del tiempo, 2010)

 

Celosa luz,

incansable fanal de caminos,

mientras el oleaje lame las riberas

de su onda.

 

Eres la respiración de aquellos

que naufragaron.

Eres el ojo donde el ayer y el hoy

rompen la transparencia de la noche.

 

Vigilante atalaya de silencio

enfoscada por el oleaje

bajo este cielo sin alambres.

 

Aquí, sentado junto a ti,

quisiera entrar en la luz de tu luz

con estos años míos, abocados

a la víspera de la sombra.

 

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