María Joaquina Viera y Clavijo

Selección de textos

Al modo de vestir que en España usan hoy las Damas, contrario a lo que dicta la modestia

                  Soneto

 

A fuerza de inventar… ¿tú lo creyeras?

Se apuró el manantial de las modistas:

Extraño no es; pues como el campo aristas, 

Parían modas cada año sus molleras.

Hoy recorren de las extranjeras

Y de las patrias las inmensas mitas

Y nada nuevo hallando, aunque tracistas, 

Tristes de un clavo cuelgan sus tijeras.

Y las Damas ¿qué visten entretanto? 

Antes no visten… Desnudas en invierno 

Esperando la moda… ¡cielo santo!

Venga luego del Norte o de Salerno; 

Pues otra, que disuene más o tanto,

 No nos puede venir ni del infierno.

 

A la caída del Príncipe de la Paz D. Manuel Godoy el año de 1808

Décimas por la Sra. D.ª María de Viera y Clavijo

 

Fue tu vuelo muy aciago

Infeliz triste Godoy,

Y comparándote estoy

Al soberbio Simón mago.

Tu ambición te ha dado el pago,

Pues la insolente quimera

De subir a la alta esfera

Por fin te precipitó…

Caíste y se te rompió

La planta de tu carrera.

 

Navegabas con buen viento

Ufano cual un convoy,

Mas naufragaste Godoy

Dentro del vasto elemento.

Soñaste el audaz intento

De ser de dos mundos dueño,

Y con alevoso empeño

Querías dar a tu persona

La real sagrada corona

¡Pero qué funesto sueño!

 

Mas décimas por dicha Señora

 

Cometa de mal agüero

Sobre el real dosel girabas, 

Y bien se pronosticaba

Cuál será su derrotero.

O Godoy, tu orgullo fiero,

Te ha vuelto todo al revés,

Humo es ya tu brillantez,

Públicas se ven tus maulas

Desterrado allá en las Gaulas,

Ni extremeño ni francés.

 

Árbitro dominador

Te doblaban la rodilla,

Mas hoy tu cerviz se humilla

Bajo el general rencor;

El invicto emperador

De Francia te da cuartel,

A manera de un bajel

Que destrozado encalló

Y en la costa abrigo halló

Para cortar leña de él.

 

La España bendice al cielo

Porque de ti le ha librado,

Pues la tenías en estado

De esclavitud y de duelo.

Vete; vete ya a otro suelo

Donde no podrás jamás

Dar paso alante ni atrás;

¿Querrás en tal situación

Subyugar un Napoleón?

¡Pues a Buena parte vas!

 

De laureles se ciñó

Antes de tomar el mando

Nuestro nuevo rey Fernando,

Porque de Godoy triunfó.

Su augusto padre  le dio 

Su diadema persuadido

Quedar rey reproducido.

Como el sol en el oriente

Que en su hijo es permanente

El monarca  repetido.

 

Doble corona ha logrado

O buen Carlos tu grandeza,

Cuando de tu real cabeza,

La corona te has quitado

Consagras la obligación

Y a Fernando tan gran don

Es muy justo que le cuadre,

Pues vale mucho que el padre

Haga su coronación.

 

Reina o Lis privilegiada

De la estirpe de Borbón,

Reina y haz a tu nación

Gloriosa y afortunada;

De serlo está asegurada,

Pues con el cetro en tu mano

No buscas favor humano,

Y solo clamas sincero

Ante el divino cordero

De reyes es rey soberano.

 

Esdrújulos por la misma Señora

 

El antipríncipe

Rodando intrépido,

En la Península 

Dio grande estrépito.

Bajó con ímpetu

De su alto séquito,

Como un relámpago,

O un rayo tétrico.

Este infeliz áulico,

Ciego y frenético

Del solio hispánico

Formó su féretro.

Privado íntimo

De un rey benéfico

Se fingió cándido

Para ser pérfido.

 

Habiendo el presidente de la Junta de Tenerife D. Alonso de Nava, marqués de Villanueva del Prado, pasado varios oficios a la Real Audiencia de Canaria el año 1808, exhortando se uniese a ella y la reconociese como gubernativa de estas islas, cosa que detestaban los canarios; séase por llevarles el humor a estos, o porque D.ª María fuese del mismo sentir, escribió las siguientes

 

Décimas

Con lealtad extraordinaria

Y con sagaz entereza

No ha bajado la cabeza

A Tenerife Canaria.

No quiere ser tributaria

Ni someterse a su mando,

Porque ella va caminando

Bajo antiguas reales sendas

Y no abrazará otras riendas

Que las de su rey Fernando.

 

Nadie la puede obligar

A nuevas constituciones,

Pues sus grandes excepciones

Ocupan mucho lugar.

Bien se supo desviar

Del lazo que se le armaba,

Y se celebra y se alaba

Que en su mano la milicia

Con prudencia, con justicia

Se libró de ser esclava.

 

Seis islas afortunadas

Por mejorar de fortuna

Se han quedado sin ninguna

Sujetas y aprisionadas.

Fueron mal aconsejadas

Cogidas con red y anzuelo,

Pero Canaria ¡oh consuelo!

Esta ilustre capital

Solo a la junta central

Jura su obediencia y celo.

 

Gran Canaria ya en el día

Haces jerarquía aparte,

Pues huyes con juicio y arte

De intrusa soberanía.

En otro tiempo quería

Un Alonso ser tu dueño.

La conquista fue un empeño,

Pero Fernando os ganó,

Y al presente se formó

La copia de aquel diseño. 

 

Elogio del poema de Los Meses que escribió Dn. Josef Viera el año 1795 y su hermana D.ª María conocedora de su mérito lo comentó de la manera siguiente que yo no había tenido el gusto de ver a tiempo de darle lugar entre sus poesías

 

En doce cantos produces

Del sol la vasta influencia;

Pero tan bien te conduces 

Que el sol y tú en competencia 

Tienes tú mayores luces.

Con exquisitos primores

Pintas a la primavera,

Pero unos cuadros mejores

De tu amenidad yo hiciera

Si me prestaras colores.

El rico y pomposo estío

Al oírte se envanece,

Pero perderá su brío

Viendo que tu ciencia ofrece

Más riquezas y atavíos.

De los frutos la razón 

Que el buen otoño asegura

De ti tiene emulación

Que en madurez y dulzura

Le gana tu erudición.

Deja el invierno parada 

La tierra en sus producciones;

Mas tu cultura estimada

Labrará siempre sus dones

Aun en la edad más helada.

Nadie podrá hacer la historia

De tus talentos extraños;

Los tiempos canten tu gloria

Los días, meses y años

Eternicen tu memoria.

 

A LA GLORIOSA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

ESDRÚJULOS

 

Se ha cumplido ya el término:

Jesús deja estos páramos,

Se eleva por la atmósfera

A los celestes ámbitos.

 

Aunque quedamos huérfanos,

Va a presentar magnánimo

Los derechos legítimos

De nuestro reino clásico.

 

Cinco alegatos próvidos

Son documentos válidos,

Que en cinco dulces rúbricas

Se explican sin preámbulos.

 

Nuestros timbres y títulos

Nos vienen de aquel árbol, 

Donde su sangre líquida

Lavó delitos bárbaros.

 

Certifica cual médico

Que en aquel leño árido

Curó divino Hipócrates

Nuestros mortales vaguidos.

 

A la diestra deífica,

Vestido de nuestro hábito,

Aboga por los míseros,

Puesto en su solio diáfano.

 

El corazón con júbilo

Vuele en un curso rápido

A su tesoro único

Y quédese allí extático.

 

Marchito y melancólico

Queda el globo terráqueo,

Pues fue a su punto céntrico

La luz de aquestos ángulos.

 

¿Viste aquella flor célebre

Cuyo frondoso vástago,

Si es con sol ramo fértil,

Es sin sol seco cáñamo?…

 

Así el mundo ya efímero,

Con desmayados hálitos,

Mira la ausencia crítico

Del amado en su tránsito.

 

Pero, ¡ah! Que el amor íntimo

De aquel cordero cándido

Lo hace quedar en símbolos

Dentro de un tabernáculo.

 

Allí está como víctima; 

Es nuestro dulce pábulo,

Nuestro amigo carísimo,

Nuestro sagrado viático.

 

Se nos da en pan magnífico:

¡Qué tierno sustentáculo!

¡Oh!, que este pan angélico

Pide un amor seráfico.

 

Aquel nevado círculo

Es un divino cáustico;

De amor es un epílogo,

Del Esposo el gran tálamo.

 

LA SAGRADA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL PINO

ODA

 

Simulacro divino,

De Canaria su gozo y su consuelo,

Objeto peregrino

Dispuesto por el cielo,

Fruto de un Pino en nuestro mismo suelo.

Tu planta inmaculada

Sobre un drago, hollando su cerviz,

Nos da bien figurada

La mujer más feliz,

Que de Eva remedia el cruel desliz.

¿Qué mano formaría

Ese rostro gracioso y halagüeño,

Cuya fisonomía,

Sin seriedad o ceño,

Es de María breve y fiel diseño?

Esa celestial boca

Con un cincel divino está trazada,

Y en ella se coloca

Una gracia sagrada

Donde amable piedad está pintada.

Es un precioso sello

Que da bien despachada la confianza;

Es de gloria un destello,

Cuya sonrisa mansa

Muestra una calma pura, una bonanza.

¿Qué diré de tus ojos

Si la misericordia en ellos brilla?

Suaves y sin enojos,

Miran al que se humilla,

Con un amor que causa maravilla.

Un iris son de paz

En la batalla de espiritual guerra,

Pues su influjo eficaz

Tanto poder encierra

Que pone unido al cielo con la tierra.

De la Madre de Dios

Es todo tu semblante y tus facciones,

Y así vuelan a vos

Todos los corazones,

Tras de la sombra de sus perfecciones.

No eres tú, no, María,

Si no un remedo de aquella Señora;

Una senda que guía

A la estancia en que mora.

Y un memorial por donde se le implora.

¡Oh, imagen prodigiosa!

En ti como un espejo reverbera

María, Luz hermosa;

Y si en ti se venera,

Por ti se sube a su divina esfera.

 

A un seminarista que negó ser D.ª María la autora de ciertas poesías sagradas porque esta señora era de pocas palabras

 

Romance

Dices que, si apenas hablo,

¿Cómo escribo poesías?

Hágolo callada y callo

Para no hablar boberías.

¿Sabe el señor colegial

Qué cosa es pedantería.

Pues no es sino parecer,

Fuera de tiempo, erudita,

¿Quiere que cuando las gentes

Me honran con sus visitas,

Conforme mis reflexiones.

Con pasajes de la Biblia?

¿Quiere que trate de dogmas,

De ritos, de disciplina,

De liturgias, santos Padres,

De concilios y de almas?  

¿Quiere que hable de planetas,

Fenómenos, Geografía

Del sistema de Copérnico

O experimentos de Física? 

¿Quiere que hable de la Historia

Del preste Juan de las Indias,

De la de Carlos de Suecia

O la del zar moscovita?

¿Quiere que hable del Parnaso

Con todas sus nueve ninfas,

Del teatro de los dioses

Y de sus mitologías?

O por el contrario, ¿quiere

Que hable de lazos y cintas

Grecas, batas, escofietas,

Deshabillé y redecillas?

¿Si hubo en tal casa sarro,

Tres géneros de bebidas;

Si bailaron contradanzas,

Minuetes o seguidillas?

¿Si las damas de Canaria

Se tratan con las ministras,

Y si don Guindo se casa

Con madama Escotofina?

¿Quiere que hable de cortejos,

Si aquella es fea o bonita,

Si está en uso tal color,

O tal moda está abolida?

Si hay mucho frío o calor,

Si hay bochornos o lloviznas;

Si el tiempo está por el norte,

Por el sur o por la brisa

¿Si son ruines los criados,

Si estornudó fulanita,

Si las uvas están verdes

O están maduras las guindas?

¿Quiere, en fin, que a poco hablan

Me rompa la campanilla,

Y que ponga yo en mi estrado

Cátedra de parlería.

Yo no hablo mucho, pero hablo

En las materias precisas;

No adelanto los asuntos,

No acaloro las porfías.

Además de esto ¿no ve

El señor seminarista

Que me elogia demasiado

Con lo que me satiriza?

Que callo. Ve aquí la prueba

De una instrucción exquisita,

Hasta los necios, si callan,

Ostentan sabiduría.

Déjame, pues, que callando

Alguna discreción finja,

Y que el silencio me dé

Lo que el ingenio me quita.

¡Oh prodigioso silencio!

En ti la prudencia estaba,

Cuando en la lengua y los labios

Solo reina la malicia.

Por esto con agudeza

Un filósofo decía

Que nunca el haber callado,

Si haber hablado sentía.

Debe formar las mujeres

Por su modelo y su guía

La conducta que observo

La mujer más advertida

De esta dice el grande Ambrosio.

En sus sabias homilías,

Que era de pocas palabras.

¡Oh, silencio de María!

No obstante, de esta virgen santa,

Soberana en energía

Los versos de la magníficat.

Y mientras estaba mudo

El profeta Zacarías,

Fue una bendición de Dios

Los versos que componía.

Vea como no se opone

El callar al ser instruida.

La que ignora más, más grita.

 Mas volvamos al asunto

Y responda por su vida

 El señor de Beca azul

A este par de preguntitas

¿Para hacer y escribir versos

Acaso se necesita

De lengua sino de pluma;

De voces sino de tinta?

La musa pide sosiego,

Pide reflexión tranquila;

Ella en el silencio habla,

En el silencio se excita.

Las voces y los conceptos

Son dos cosas muy distintas.

Para las voces, los labios;

Para los conceptos, cifras.

No el orador y el poeta

De un mismo modo se explican;

Es menester que aquel hable;

 

Que hable este no precisa.

Con que, en fin, puedo hacer versos

Aunque calle noche y día

¿Para qué quiero la lengua

Mientras el alma imagina?

 

Artículos del tratado de amistad, ejecutado entre la señora D.ª Ángela de la Rocha y la autora

Endechas

 

¡Qué dulce es la amistad!

¡Qué amable, qué tranquila!

Con ella, aquí en la tierra

Los gustos de la gloria se anticipan.

Sí: la amistad perfecta

Es la que simboliza

Aquella unión dichosa

Que siempre reina en la mansión divina.

Es la amistad un lazo

Con que se identifican

Dos personas, haciendo

Un mismo corazón, una alma misma.

David y Jonatás

Nos dieron la más viva

Idea del carácter 

De la amistad cordial, sincera y fina.

Y si hubo entre hombres

Alianza tan íntima

Que el alma de David,

A la de Jonatás se conglutina.

¿Qué será entre mujeres

En quienes las caricias

Por lo dócil del sexo

Son más tiernas, más dulces y expresivas?

Ya pues la Rocha y Viera

En puro amor unidas

Van a ser el modelo

O el perfecto ejemplar de dos amigas.

¿Pero esta bella unión

Será la de las cintas

Que hoy lucen en el pecho

Y mañana se rompen, hechas tiras?

No, no; será muy sólida

Constante, estable y fija.

Mas para que lo sea

Ha de haber reglas ciertas y precisas.

Que si hay algún reparo

No se queden fruncidas,

Sino que una a otra

La queja que tuviere se la diga.

En fin, que el trato sea

Un trato de familia:

Satisfacción, confianza…

Sin quebrantar la ley de la política.

Así, bajo este plan

Será una amistad limpia,

Una amistad cristiana,

Una amistad que dure de por vida.

Dios, por su gran piedad,

Tal amistad bendiga

Y quiera que las dos

En el cielo se hagan compañía.

 

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