Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Ignacia de Larra

Textos escogidos de Ignacia de Larra

De Para el perdón y para el olvido (1924)

YA NO QUIERO ESPERAR

¡Ya no quiero esperar! De mi fortuna
en las ondas amargas naufragando,
aprendí a no soñar, y estoy gozando
la quietud de mi mar bajo la luna.

Al disiparse la tupida bruma
la resaca interior se fue calmando,
y está en la quieta mar la brisa hilando
el lino blanco de la blanca espuma.

Mas… del sol de la tarde a los reflejos
a mi pesar me vienen de muy lejos
unas pujantes y revueltas olas,

que en un momento disipan la bonanza
golpeando en el cantil de mi esperanza
al compás de lejanas barcarolas.

 

PROCESIÓN DE EL RETIRO

Noche del viernes santo

En la noche solemne y silenciosa
como sumida en religioso anhelo,
el clarinete con gemir de duelo
dice en el aire su canción llorosa.

Se ve avanzar la imagen dolorosa
prendido en las manitas el pañuelo
y del manto del rico terciopelo
envuelto en la negrura suntuosa.

Bajo el palio magnífico y severo
destaca el porte señoril y austero
y parece más triste en su tristeza

al vaivén de los cirios la Señora,
¡esa es la noche en que la Virgen llora…
y esa es la noche en que Las Palmas reza!

 

AGRADECIENDO EL LIBRO
LAS ROSAS DE HÉRCULES

Puesto que viene para estar conmigo
a prestarme perenne compañía,
en rasgo de exquisita cortesía
la mano que lo envió beso y bendigo.

Junto a mí queda, y en verdad os digo
que otro libro no vi de igual valía,
el más alto decir de la poesía
en él es charla familiar de amigo.

Desde que abrí sus páginas hermosas
como en una irrupción de auras divinas,
quedó toda mi estancia oliendo a rosas.

Bien puede altivo ser vuestro contento,
cumplisteis como un dios, en el portento
de brindar unas rosas sin espinas.

 

ASÍ FUE

En la noche helada, cual ninguna oscura,
de aquel balcón tan tibio en el verano,
con el hierro al rozar sentía la mano
un intenso dolor de quemadura.

Yo, temblando de frío y de amargura,
te hice saber que conocía el arcano
de tu extraño vivir, luchando en vano
con tus vicios sin freno y tu locura.

Me llamaban ¡furiosa y conmovida
te di el adiós que decidió mi vida
con una voz que el llanto entrecortaba!

Se tropezó tu mano con la mía,
y tan fría la encontré, pero tan fría,
que como el hierro del balcón ¡quemaba!

 

Poemas publicados en prensa

QUIETUD Y MAR

Varada está en sí misma la inquieta maravilla
y el cielo es una dársena que abajo se refleja
la tarde, enamorada, mirando atrás se aleja
mientras dice una estrofa marinera y sencilla.

Hora de bajamar. Ni un mástil ni una quilla,
el agua está dormida. ni canta ni se queja,
la espuma que resbala entre piedras las deja
brillando esferoidales desnudas en la orilla.

Desplegaba el paisaje las velas de sus galas
volaban las gaviotas tan bajo que sus alas
signaban sus estelas en el cristal marino.

Por el espacio tenso nació un temblor astral,
y al cobijo anchuroso del palio diamantino
desflecaba el crepúsculo su púrpura imperial.

(1934)

 

PLENILUNIO

Bajo el arco de la luna
va el paisaje en cabalgata,
y el lomo de aquellos montes
luce gualdrapas de plata.

En luz de luna se bañan
Los pajarillos dormidos
Que esta luz se va hacia adentro,
Hasta el fondo de los nidos.

De verbena está el jardín
Con sus arcos florecidos
Y las rosas y las dalias
Son hachones encendidos.

Cabalgata silente, tan callada
Que hace al alma sentir musicalmente
¡solo un eco se engarza a este silencio
con una dulce voz de agua corriente!

Van subiendo las horas y hace frío
Y el pecho tiene un estremecimiento
¿Ves aquella flor seca…?
¿No te acuerdas…
cuando llevé a enterrar un sentimiento?

Remansa la visión y en cuanto vemos…
De cabalgata y de festín no es nada:
Fue que la luna se cayó del cielo
En un desmayo de alma enamorada.

(1935)

 

HORA CREPUSCULAR

¡Hora azul sobre las lomas
Hora blanca de palomas
Sobre los muros del huerto!
Hora de melancolía
Tan aguda como mía,

¡Desierto sobre desierto
La tarde está en la agonía
Y yo hace tiempo que he muerto!

De tan vagos… son tenues los senderos,
de tan rubias son blancas las espigas.
Se han dormido las aves, tus amigas …
Aquellas que un tiempo me dijiste…

¡En esta tarde triste
No quiero recordar que me decías!
¡Obertura del silencio
que empieza la serenata!
¡Estrellas en carne viva
bajo albornoces de plata!
Luces en la serranía,
hogares que están viviendo…
¿Estará un alma sintiendo
lo mismo que yo sentía?

………

Llora un cantar remoto,
el aire se ha dormido,
¡y un pájaro en el nido
no sabe a dónde ir!

… … …

Aquí cerca de mi vera en este instante
La yerba se estremece:
¡Es mi perro que llega!
Y salta y más que salta, y da vueltas y brega
hasta que yo coloco mis manos en su pecho:
Es que viene a probarme su bien probado instinto,
un manojo de firmes lealtades de acecho.
Perrazo compañero, tan lleno de arrogancia
¿de qué grabado antiguo tomaste la prestancia
y ese color que enrubia la felpa de tu piel?
Estate aquí a mi lado, amigo noble y fuerte.
Ahora el sendero es negro, más tarde en esos valles
luminares astrales pondrán sus claridades.
No te inquieten las sombras
que irán por el sendero
con formas temblorosas, retorcidas, extrañas…
¡Quédate aquí conmigo, perrazo compañero
que tienes las lealtades hirviendo en las entrañas!
Aquí, junto a mi cuerpo,
aquí junto a mi alma…
Tu instinto de presagio, sepúltalo entre una
renunciación como ésta que yo llevo en el pecho:
Aquí, callado, inerte,
¡Ni ladres a la luna,
Ni aúlles a la muerte!

(1935)

 

EL CRISTO DE LUJÁN

¡La Majestad de Dios! Y en doble acierto
en canario buril encandecido,
pudo reunir de amor sobrecogido
la exangüe lividez de un hombre muerto

Parco de estragos está el cuerpo yerto
el tropel de las llagas suspendido,
¡y parece más bien un lirio herido
mustio, tronchado y con el seno abierto!

No le queda ya sangre en esta hora
que el genio del artista conmemora
porque en su sed de inmolaciones plenas

La fue en cruentas jornadas derrochando
¡el amor y el dolor… fue lanzando
de la reseca urdimbre de las venas!

(1935)

 

EN LAS PALMAS,
VÍSPERA DE SAN PEDRO MÁRTIR

Gentío, voladores y un fuego artificial
que nos dice en ingenuo alarde detonante
cuando calla el alegre, señoril y vibrante
cantar de las campanas de nuestra catedral

Dormitan una luces en cada ventanal
de la torre, y enfrente, severa y arrogante,
ostenta sobre el pecho su peto más brillante
la cuadrada y maciza casa consistorial.

Y en todas las esquinas y pegada a la acera,
la caja de turrones, y en su banca sentada,
con un farol al lado, la vieja turronera,

Que cual si le asaltaran insólitos cariños,
blandamente aconseja, con voz algo velada,
que le llevemos unos… turrones a los niños.

 

BARCELONA

La del porte viril. En que palpita
como una ordenación majestuosa
que con moderna fuerza impetuosa
hacia la lucha y el trabajo incita

Que tiene un gesto que a gozar invita
desplegando magnífica y suntuosa
toda la varia pompa esplendorosa
del intenso vivir cosmopolita.

Y entre tanta grandeza ciudadana
coquetona y gentil, fresca y lozana
con un traje de múltiples colores

y un alarde de fina democracia,
se viste a pleno sol, llena de gracia
en la típica Rambla de las flores.

(1939)

Otros textos disponibles

No data was found
Compartir